Si creemos que el papel de la enseñanza no puede reducirse al simple adiestramiento en las habilidades prácticas sino que, por el contrario, implica la educación de una clase de intelectuales vital para el desarrollo de una sociedad libre, entonces la categoría de intelectual sirve para relacionar el objetivo de la educación de los profesores, de la Los profesores como intelectuales transformativos y del perfeccionamiento de los docentes con los principios mismos necesarios para desarrollar una ordenación y una sociedad democráticas”. Es posible que esta cita extraída del mismo artículo.
En los tiempos actuales, de crisis educativa y de cambios constantes en el ámbito curricular, de la gestión, institucionales y política, es necesario replantear puntos de partida en la formación y desarrollo profesional de los docentes. Particularmente, diversos autores han manifestado sus ideas respecto a que los profesores desarrollen su pensamiento para adquirir elementos que les permitan un tránsito hacia la transformación de su entorno socioeducativo inmediato. Al respecto, apunto algunas ideas relevantes del pensamiento de P. Freire, H. Giroux, M. Lipman y P. Mclaren.Freire nos enseña que las posiciones de educador o educadora no son ni fijas, ni inmutables, y que no están derivadas de ciertas leyes absolutas de la pedagogía, sino que son política e históricamente construidas. Su acción y su pensamiento nos muestran que la posición de maestro puede ser dinámica, dialécticamente relacionada, dependiente del momento histórico en que se desarrolla e influida profundamente por las concepciones políticas de los participantes en el proceso.
Giroux (1990) argumenta que la visión de los profesores como intelectuales proporciona, además, una fuerte crítica teórica de las ideologías tecnocráticas e instrumentales subyacentes a una teoría educativa que separa la conceptualización, la planificación y el diseño de los currículos de los procesos de aplicación y ejecución. Hay que insistir en la idea de que los profesores deben ejercer activamente la responsabilidad de plantear cuestiones serias acerca de lo que ellos mismos enseñan, sobre la forma en que deben enseñarlo y sobre los objetivos generales que persiguen. Esto dignifica que los profesores tienen que desempeñar un papel responsable en la configuración de los objetivos y las condiciones de la enseñanza escolar. Semejante tarea resulta imposible dentro de una división del trabajo en la que los profesores tienen escasa influencia sobre las condiciones ideológicas y económicas de su trabajo. Este punto tiene una dimensión normativa y política que parece especialmente relevante para los profesores. Si creemos que el papel de la enseñanza no puede reducirse al simple adiestramiento en las habilidades
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